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¿AHORA RESULTA QUE PORQUE NO HUBO TRAGEDIA, TODO FUE UNA EXAGERACIÓN?

Redacción: César Becerra

Qué curioso es el ser humano: cuando sucede una tragedia, reclamamos que nadie nos advirtió; pero cuando nos advierten y la tragedia no llega, nos burlamos de las precauciones.

He leído muchas críticas y burlas por las medidas preventivas que se tomaron ante el huracán Simón. Que suspendieron clases para nada, que cerraron negocios innecesariamente, que se paralizaron actividades y que, al final, no pasó lo que muchos temían.

Y hay algo que debemos reconocer: perder un día de trabajo no es cualquier cosa. Hay familias que viven de lo que venden diariamente, comerciantes que tienen empleados que pagar y personas para quienes cerrar un negocio significa no llevar el mismo dinero a casa.

Esa preocupación es completamente válida.

Pero hay una pregunta que no deja de darme vueltas en la cabeza:

¿En qué momento comenzamos a confundir la ausencia de una tragedia con la ausencia de peligro?

Simón alcanzó la categoría 4. No estábamos hablando de cualquier lluvia ni de un simple día nublado. Estábamos frente a un fenómeno capaz de provocar daños devastadores.

Afortunadamente, las condiciones cambiaron y el escenario terminó siendo menos grave de lo que se temía.

Pero imaginemos por un momento que hubiera sucedido lo contrario.

¿Qué estaríamos diciendo hoy si no se hubieran suspendido las clases y algo les hubiera pasado a nuestros hijos? ¿Qué reclamaríamos si cientos de familias hubieran quedado atrapadas por no haber tomado precauciones?

Probablemente estaríamos preguntando por qué nadie hizo nada.

Y es aquí donde vale la pena hacer memoria.

Nayarit ya conoció la furia de Kenna, Willa, Roslyn y otros fenómenos que dejaron pérdidas humanas, viviendas destruidas y familias enteras comenzando desde cero.

Pregúntenle a quienes vivieron las inundaciones de Tuxpan. A quienes vieron cómo el agua entraba a sus hogares y se llevaba en unas cuantas horas lo que tardaron toda una vida en construir.

Pregúntenle a una madre que tuvo que salir de su casa con sus hijos, sin saber si tendría un hogar al cual regresar.

Tal vez sus respuestas sean muy diferentes a las burlas que hoy circulan en redes sociales.

Porque hay algo que a veces olvidamos: la naturaleza no tiene obligación de cumplir los pronósticos, y las alertas no son una promesa de que ocurrirá una desgracia.

Claro que las decisiones de las autoridades deben analizarse, cuestionarse y mejorarse. La prevención también debe ser proporcional, responsable y considerar las afectaciones económicas.

Pero una cosa es exigir mejores decisiones y otra muy distinta es convertir la precaución en motivo de burla.

Hoy muchos podemos decir que no pasó nada, que perdimos un día de clases, de ventas o de trabajo.

Hay familias en Nayarit que, después de otros huracanes, habrían dado lo que fuera por poder decir exactamente lo mismo.

Y quizá esa sea la reflexión más importante de todas:

¿De verdad nos molesta tanto habernos preparado para una tragedia que afortunadamente no ocurrió?

Porque el día que una alerta se cumpla en el peor de los escenarios, tal vez ya no estemos discutiendo cuánto dinero se perdió por cerrar un negocio.

Tal vez estemos lamentando algo que el dinero jamás podrá recuperar.

Ojalá todos los huracanes terminaran en una falsa alarma, todas las familias pudieran volver a casa y todas las pérdidas fueran únicamente económicas.

A veces, poder decir «no pasó nada» es un privilegio que solo entendemos cuando conocemos a alguien que lo perdió todo.

Y tú, ¿crees que se exageró con las medidas preventivas o que nos estamos acostumbrando peligrosamente a burlarnos del riesgo?

Los leo.