
En Apatzingán, Michoacán, las calles se llenaron de limones… no por abundancia, sino por tristeza.
Los productores, cansados de que su trabajo valga tan poco, tiraron su cosecha al suelo. 🍋
Cada limón rodando era un grito silencioso: “Nuestro esfuerzo ya no vale nada.”
El precio cayó tanto, que venderlos ya no cubre ni el costo de cosecharlos.
Y verlos así, regados en el pavimento, duele más que una sequía. 💔
No tiraron comida… tiraron meses de trabajo, de sol, de madrugadas, de esperanza.
Y mientras el verde se mezclaba con el polvo, muchos entendieron que el campo también se cansa. 🌱
💬 ¿Qué sentirías tú si tu trabajo terminara así, en el suelo?

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