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La tortura sigue siendo un tema de preocupación en distintos países del mundo, incluido México, donde organismos de derechos humanos han denunciado casos en los que se vulneran gravemente los derechos de las personas.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la tortura se considera una de las violaciones más graves a los derechos fundamentales, pues atenta contra la integridad física y psicológica de las víctimas.
Un problema que persiste
Aunque existen leyes y tratados internacionales que prohíben categóricamente la tortura, las denuncias siguen presentes. En muchos casos, las víctimas son sometidas a tratos crueles con el objetivo de obtener confesiones, castigar o intimidar, lo que representa no solo un crimen, sino también una profunda herida social.
Consecuencias irreversibles
Especialistas en psicología señalan que quienes sobreviven a la tortura sufren secuelas permanentes: estrés postraumático, ansiedad, depresión y problemas de salud que marcan de por vida. Además, la desconfianza hacia las instituciones se profundiza, debilitando la justicia y el estado de derecho.
Un llamado urgente
Organismos internacionales exigen a los Estados reforzar los mecanismos de vigilancia, capacitar a las autoridades y garantizar que ningún acto de tortura quede impune. La prevención, la sanción y la reparación integral a las víctimas son pasos indispensables para erradicar esta práctica.
Conclusión
La tortura no solo destruye cuerpos, también rompe espíritus y lastima a la sociedad entera. Decir alto a la tortura es defender la dignidad humana y la justicia.

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